Ponemos a cocer los huesos de pescado en abundante agua. No importa que sobre, pues, podremos hacer sopa de marisco otro día. Ya lo veras en otra de mis recetas.

Cuando los huesos de pescado han empezado a hervir, ponemos las chirlas, como ves las he puesto en un colador, si las echas en la olla sin el colador, luego tienes que bucear para buscarlas, y en invierno vale pero en verano debe de hacer mucho calor ahí dentro.
Cuando se vayan abriendo, las vas moviendo para que no quede ninguna cerrada. No tengas prisa en sacarlas, hacen un buen caldo.

Una vez cocidas, como ves en la foto de abajo, les voy quitando la concha. A mí no me gusta encontrarme demasiados inconvenientes a la hora de comer una buena paella.
Como ves, hay algunas que no se han abierto. Pueden pasar varias cosas, que simplemente no estuvieran frescas, que estén llenas de tierra o que al cocerlas no las he movido lo suficente para animarlas a que se abran.


Una vez que tenemos el colador libre por haber sacado las chirlas, ponemos los mejillones. Tenemos que tener en cuenta que vamos hacer con ellos. Si lo hemos puesto a cocer es que estos pocos no lo vamos a poner vivos encima del arroz. Por lo tanto, en el momento que se abran un poquito, los sacamos y cuando se enfrien, le quitaremos la cascara. Ya sé que quema, pero no hay mas remedio, así es éste oficio. Estarán un poco crudos, no te preocupes, se terminarán de hacer al echarlos al arroz.


Como ves, no he tirado las peladuras de las gambas.

Reservamos las gambas para echárselas al final al arroz, y una vez saquemos los mejillones o en su caso las chirlas, echamos las cascaras en la misma olla.

 
Bajamos el fuego al mínimo, que se vaya cociendo poco a poco.
Este agua de haber cocido todo ésto tiene un nombre, le vamos a llamar:
Agua de cocer pescado, chirlas, gambas y otros bichos marinos.
Que te parece el nombrecito